Huella Hídrica, en manos de todos.

En este inicio de Tercer Milenio, el agua representa un reto estratégico de primer Orden; pero no es nuevo, el agua es uno de los recursos que más ha influenciado nuestro desarrollo y nuestra historia.

El agua es fundamental para la salud humana, para el desarrollo social y económico sostenible, para la seguridad alimentaria, para la producción de energía. El agua es esencial para toda forma de vida y es indispensable para la industria. Muchas veces se subestima las cantidades de aguas requeridas para producir alimentos o bienes. En este sentido el concepto de agua virtual y de Huella Hídrica permiten cuantificar estas cantidades y son enormes.

La huella hídrica es un indicador de uso directo y/ o indirecto del agua dulce para generar un bien o servicio de una persona, comunidad, ciudad, país, productor. La huella hídrica se traduce en impactos en: salud humana, ecosistemas y disponibilidad para generaciones futuras. Se divide en tres tipos, azul, verde y gris. La Huella Hídrica Azul se define como la perdida de agua disponible, superficialmente o subterránea, a causa de una captación para un fin determinado. Las pérdidas se producen cuando el agua se evapora, vuelve a otra área de influencia o en el mar se incorpora a un producto. La Huella Hídrica Verde se refiere al consumo de los recursos de agua lluvia que no se convierte en escorrentía. La Huella Hídrica Gris se refiere a la contaminación y se define como un indicador de volumen de agua dulce que se requiere para asimilar la carga de contaminantes hasta concentraciones naturales y según las normas de calidad ambiental.

La agricultura, que consume ahora 70% del conjunto del agua utilizada en el mundo, deberá incrementar su producción en un 50% para el 2030. A esto se debe adicionar otras presiones como las migraciones, la urbanización, el cambió en el uso de la tierra, y la alteración económica, entre otras, todos estos cambios impactan directamente sobre los recursos hídricos y sobre los servicios medioambientales.

El sector agrícola, las pequeñas empresas y hasta las multinacionales son un actor clave para el manejo sostenible del agua, un actor que puede contribuir evaluando y reduciendo su Huella Hídrica, mejorando las condiciones de producción para que el daño al medio ambiente sea menor y adoptando politicas ambientales que generen cambios reales.

 

 

 

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